Cambiar de hábitos no es una tarea nada sencilla sobre todo cuando llevas practicando una serie de hábitos de forma automática desde hace tiempo. Alimentarse no implica únicamente el acto de nutrirse, alimentarse implica una serie de rituales sociales y culturales que además producen placer, de manera que cambiar esos hábitos se vuelve algo muy complejo. Nuestros hábitos y la forma que tenemos de alimentarnos están tan relacionados con nosotros que si intentamos cambiarlos parece que está cambiando todo.
Cuando tenemos un hábito, respondemos de forma automática ante ciertos momentos o ante determinada circunstancia o contexto.
Por ejemplo, ¡cuando dices- Jesús! después de que una persona estornude, lo haces inconscientemente, porque en tu entorno te han enseñado que eso es de buena educación además de un acto de empatía hacia la persona que parece que puede estar enferma. Pero no es un reflejo que haya salido de la nada, es algo que está muy arraigado en ti y en tu educación, además de un reflejo de tu entorno social inmediato. A fuerza de repetirlo y repetirlo a lo largo de los años, ahora lo haces de manera automática, no lo piensas, las palabras salen por tu boca y ya está, y ahí está la clave, para cambiar tu forma de alimentarte tendrás que repetir la acción una y otra vez hasta que salga de forma automática, cómo cuando aprendiste a meter las marchas a un coche.
Pero como todo, la cuestión es empezar, y para que vayas practicando te dejo una serie de consejos para que empieces a practicar cambios sencillos para tu alimentación
No tienes que hacerlos todo a la vez, te aconsejo que comiences por uno o dos y vayas así avanzando poco a poco.
Compra fruta, tenla a la vista y comprométete con comer una al día
Elegir un momento concreto en el día para comerte una fruta puede ser un buen comienzo para sembrar un hábito, si nunca has sido un gran devorador de frutas quizá este sea el sistema adecuado para ti. Un buen momento podría ser el medio día, que es cuando normalmente tenemos más hambre, pero puede ser cualquier otro momento que a ti te resulte más conveniente, y ya ves, ¡sólo hablamos de una pieza de fruta!
Mezcla las verduras con cosas que te gustan
Siempre les digo a mis pacientes que la comida, aparte de ser sana tiene que gustar, es evidente que si algo no te gusta dejaras más pronto que tarde a dejar de comerlas. No hay fuerza de voluntad en el mundo que se resista comer cosas que no te gustan, y pensar que el problema es que no tienes fuerza de voluntad es una pérdida de tiempo que solo te va a llevar a sentirte mal contigo mismo.
Así que te propongo algo, comienza a mezclar verduras con otras cosas que sí te gustan: pon especias, gratínala, añade pollo, gambas… lo que se te ocurra. La cuestión es que las verduras comiencen a estar presentes en tu día a día, cuando ya tengas esto controlado podrás ir afinando este punto

Planifica tus comidas
En mi opinión, el mejor hábito que puedes introducir para mejorar tu alimentación es que planifiques lo que vas a comer, tu bolsillo y el planeta también lo agradecerán. Al planificar tus comidas te aseguras de que siempre tendrás los ingredientes necesarios para hacer aquella receta saludable que querías para cuando llegues a casa. Además, sabrás de antemano el tiempo que necesitas y podrás distribuirlo mucho mejor. No necesitas más que 15 minutos a la semana, así que este es un hábito que puedes acoger sin problemas, te recomiendo que empieces por aquí.
Practica el batch cooking
Esta semana subí a mis historias unos vídeos con este tema, la tienes en historias destacadas si no lo viste. Consiste en dedicar un tiempo a la semana, en mi caso una hora aproximadamente, a adelantar el cocinado. Por ejemplo, yo suelo dejar las verduras que más uso como cebollas y pimientos ya picados y en envases herméticos, así durante la semana ya tengo ese trabajo hecho.
Si quieres investigar sobre algunas recetas para comenzar con el cambio, aquí puedes encontrar una gran variedad.


